jueves, 16 de febrero de 2012

Poder escuchar (nos)


Hace casi ocho meses mudé mis oficinas de mediación a la zona del obelisco. Trabajo con familias en momentos difíciles de separaciones y divorcios, tratando de ayudarlos a resolver sus problemas y encontrar una salida a las injusticias. Me pareció que en ese sitio encontraría lo que necesitaba: una vista distendida, mucha luz, y una ubicación estratégica en la zona de los tribunales. Nunca pensé que mi elección fuera tan desacertada. Los primeros manifestantes que escuché fueron los de la Juventud Radical. Todos los mediodías durante casi dos meses llegaban a la Plaza de la República, hábilmente organizados, vestían sus uniformes y empezaban a tocar los tambores al estilo candombe bahiano. Hacían un intervalo para almorzar y proseguían su marcha, flameando sus banderas y ejerciendo su “¿derecho de propaganda política?” Luego de las elecciones y hasta la fecha, han sido innumerables las manifestaciones que a diario perturban el normal desempeño de cualquier profesional, en este caso, del mio y de los que conmigo trabajan. Pareciera que el Obelisco erigido en el medio de la Plaza de la República, posee cualidades mágicas de organismo receptor de quejas y manifestaciones, cuando paradojalmente, en dicho monumento nadie vive ni gobierna. El artículo 14 de nuestra Constitución Nacional establece que todos los habitantes de la Nación gozamos del derecho de trabajar y ejercer toda industria lícita; prosigue el artículo 14 bis refiriendo que el trabajo gozará de la protección de las leyes. Me pregunto ¿qué ley protege mi trabajo?, ¿quién define si el derecho a manifestar o hacer propaganda política es lícito cuando su ejercicio perturba a quienes intentamos trabajar bajo condiciones dignas y equitativas?, ¿Cómo podemos escuchar a las familias que vienen en consulta, si afuera hay bombos, gritos y marchas, sin autoridad que ordene el caos? ¿Cómo van a ser ellos mismos escuchados y por quién? Manteros, piqueteros, políticos, entidades civiles, barriales, todos se reúnen y protestan, pero allí donde se plantan, no son escuchados, solo impiden que otros sean escuchados. Luchemos por recuperar la palabra allí donde ella debe ser escuchada, por recuperar el respeto por la dignidad humana y el espacio compartido, por empoderarnos de nuestras vidas y ser protagonistas no sólo en los ámbitos privados, sino también en los públicos, allí donde la autoridad declinó su impostergable presencia.

1 comentario:

  1. Hola Connie! bienvenido tu lugar al cyberespacio! Ojalá que puedas transmitir el excelente trabajo que hacés con este espacio!

    Comparto ampliamente tu reflexión y lamentablemente también padezco lo que mencionás. Pareciera que hay personas que tienen más derecho que otras a expresarse sin importar el perjuicio que generan en esto, ya sea al trabajo, al descanso, o sano convivir de otras personas.

    Ojalá algún día desde la ley, pero también desde la conciencia humana y de solidaridad aprendamos a manifestarnos de una forma que respetuosa y todos podamos ser escuchados libremente.

    Cariños
    Mariavi

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